Xavier Puig

Una jubilación dedicada al voluntariado y los deportes

 

Xavier Puig Asensio trabajó en Banco Sabadell durante 42 años. Su carrera profesional se desarrolló principalmente en el entorno del negocio internacional, de la financiación del comercio exterior y las relaciones bancarias internacionales, habiendo sido director del área de Instituciones Financieras Internacionales, director de Trade Finance & International Financial Institutions y director de Negocio Internacional,
así como director de Zona Andalucía, Levante y Baleares
de Solbank.

“Es más importante la más pequeña de las acciones que la más grande de las intenciones”

“Procuro ayudar al equipo sanitario en las situaciones de tensión que viven y que, en muchos casos, la distracción que ofrece al paciente un truco de magia contribuye a reducir”

“La actividad física

a la que dedica más

tiempo actualmente

es la marcha nórdica”

“Siempre había querido aportar algo al entorno hospitalario y este propósito se fortaleció aún más con los problemas de salud que tuve que superar”

Desde enero de 2017, disfruta de una merecida jubilación que le permite vivir la vida que más le gusta y en la que se combinan, a partes iguales, el voluntariado, la marcha nórdica, el pádel, la BTT y el yoga con los quehaceres habituales de quien tiene dos hijos y cuatro nietos, el mayor de los cuales aún no ha cumplido los tres años.

Hoy en día, nuestro protagonista, se siente muy feliz de ser “solo” Xavier Puig. “He vuelto a ser el que era cuando tenía 17 años y entré en Banco Sabadell”, comenta. Y añade: “Tuve tiempo de prepararme y mentalizarme para encarar esta nueva vida y disfruto cada minuto de ella.” Esta nueva etapa vital le ha permitido desarrollar también otra de sus aficiones: la magia. A través de su habilidad como mago lleva a cabo un voluntariado social en el Área de Oncología Infantil del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona y en la Unidad de Pediatría del Hospital Universitario Parc Taulí de Sabadell, una actividad a la que llegó de forma accidental, como él mismo nos relata: “Hace siete años –explica– yendo al trabajo, escuché en la radio del coche una entrevista en la que alguien explicaba que había una ONG dedicada a hacer magia a los niños enfermos de cáncer. Tomé nota del teléfono y les llamé.”

Según manifiesta, “fue una llamada absurda porque entonces ni sabía hacer magia ni tenía tiempo para ejercerla”. Aún estaba en activo pero la idea le atrajo. No podía imaginarse tampoco que la vida le situaría ante una dura experiencia oncológica que cambiaría las cosas: “Cuando me diagnosticaron un cáncer linfático tuve que dejar mi actividad profesional durante un tiempo y fue entonces cuando me dediqué a aprender juegos de magia de forma totalmente autodidacta y a martirizar a familiares y amigos con ellos.

Después de unos meses de baja médica se reincorporó al trabajo y la magia quedó aparcada de nuevo hasta unos años más tarde, al finalizar su larga etapa profesional. Fue entonces cuando empezó a tener tiempo disponible para ejercer su afición.

Y fue entonces también cuando llamó de nuevo a la ONG que hacia magia en los hospitales, ofreciéndose para colaborar con ellos. Le aceptaron de inmediato y así fue como empezó su labor como voluntario, al lado de Màgic Andreu, un mago profesional –muy conocido y apreciado en Cataluña– que había creado aquella ONG y que, por cierto, no tardó mucho tiempo en pasarle los trastos.

Siempre había querido –dice Puig– aportar algo al entorno hospitalario y este propósito se fortaleció aún más con los problemas de salud que tuve que superar. Los hospitales son mundos muy complejos, desde muchos puntos de vista, y muy vocacionales. Considero que deberíamos sentirnos moralmente obligados a colaborar con los centros sanitarios con una parte de nuestro tiempo libre.

Y así lo hace él, que aporta además su experiencia internacional y el conocimiento que tiene de varios idiomas, fundamentales en un centro hospitalario con una enorme diversidad cultural como el Hospital Vall d’Hebron donde conversamos.

“Comparto esta pequeña sala –relata– con universitarios, y no precisamente estudiantes de medicina, que dedican una parte de su tiempo libre a colaborar de forma voluntaria con esta unidad, dedicándose al préstamo de libros infantiles y de juguetes; personas que enseñan a jugar a los niños y niñas ingresados o que, simplemente, les cuentan cuentos. Con demasiada frecuencia decimos: yo no tengo habilidades especiales, pero todos tenemos alguna y solo se trata de ponerla al servicio de una buena causa.”

La magia de los minutos en blanco

Cada jueves por la mañana en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona y por la tarde en el Hospital Universitario Parc Taulí de Sabadell, Puig ofrece sus juegos de magia a los niños y niñas con patologías de larga duración. “Cualquier espacio de tiempo que puedas brindar a los enfermos y a sus cuidadores, ya sean los padres o los abuelos, representa una dosis de oxígeno en su día a día y es una recarga de vitaminas fundamental. Regalarles unos minutos en blanco, un paréntesis en su realidad de cada día, es muy importante para todos ellos.”

Reconoce que lo más difícil de la labor que lleva a cabo como voluntario es la gestión de sus propias emociones, porque, a medida que pasan los días, los encuentros iniciales con niños y niñas recién llegados se van convirtiendo en citas semanales con nombres y afectos propios. “En poco tiempo –afirma– mi público deja de ser anónimo y pasa a ser Mohamed o Mariona, por ejemplo, porque, emocionalmente, forjas con ellos una relación que ya no es aséptica. Su estado va variando y no siempre los encuentras en las mismas circunstancias. Pueden estar ingresados varias semanas, pero luego reciben tratamientos de quimioterapia que no les obliga a estar ingresados y que siguen en el llamado hospital de día. Afortunadamente, y gracias al avance de la medicina y sus tratamientos, hoy en día, la gran mayoría sobreviven. Este es el gran mensaje positivo.

Su jornada empieza cada jueves por la mañana a las nueve y media cuando recoge su carrito rojo con cajones e inicia su recorrido por las diferentes plantas del área que tiene asignada en el hospital. En cada planta, los médicos y enfermeras al cargo le suministran la información necesaria sobre cada habitación y el estado de cada paciente: “Procuro ayudar al equipo

sanitario en las situaciones de tensión que viven y que, en algunos casos, la distracción que ofrece al paciente un truco de magia contribuye a reducir.”

Cuenta Puig que los niños y las niñas hospitalizados pasan, lógicamente, una mala etapa, porque no pueden ir al colegio, no se relacionan con sus amigos, deben estar en la cama…, pero hay un aspecto que solo lo sufren los padres y cuidadores, y es la consciencia del momento trascendente por el que están pasando sus hijos. “Por esta razón –explica– suelo dedicar el mismo tiempo a los niños que a los cuidadores. Es fundamental percibir adecuadamente cuándo puedo empezar y cuándo debo terminar una actuación. No existe ninguna regla, es una cuestión de respeto. Para mi, una habitación de hospital, porque lo he vivido, es un espacio que forma parte de tu intimidad, en un momento doloroso para ti, y que, por tanto, merece mucho respeto. La primera pregunta que hago al entrar en una habitación, tras decir buenos días o buenas tardes, es si consideran que es un buen momento para disfrutar de un poco de magia. A veces, la respuesta es “no es un buen momento.” En ese caso debes retirarte y cambiar de paciente. Poco a poco te vas curtiendo y aprendes a gestionar las diferentes situaciones sin coleccionar frustración. Debes comprender muy bien cuál es tu rol y no aspirar a tener ningún otro que no sea el tuyo.”

A las 14 horas finaliza la primera parte de la jornada de nuestro protagonista. A partir de las 16 horas, continuará en su papel de mago en el área pediátrica del Hospital Taulí de Sabadell hasta el anochecer. Cada hospital es como una pequeña ciudad y él debe adaptarse a las pautas que tienen establecidas.

Marcha nórdica, pádel, BTT y yoga

Si todos los jueves los dedica a la magia y a esta encomiable labor altruista que lleva a cabo como voluntario, el resto de días de la semana están focalizados en su pasión por el deporte.

Desde hace muchos años, Puig juega a pádel porque es una actividad que le divierte, según comenta: “No es una actividad que me vaya muy bien porque físicamente es muy exigente, pero me mantiene en forma y disfruto mucho practicándola una o dos veces por semana. También hace años que practico la bicicleta de montaña o BTT, una vez por semana. En este caso hay un truco, ya que hace un tiempo cambié la bicicleta que utilizaba cuando era más joven por una eléctrica. Trabajas lo mismo, pero en esos repechones donde antes sacaba la lengua ahora ya no la saco. No es una Mobylette, pero te da el fuelle suficiente para aguantar los sobreesfuerzos.”

También hace yoga desde hace más de dos años y dos veces por semana. No le divierte tanto, se sincera, pero, a diferencia del pádel, reconoce que le sienta muy bien y que le es muy saludable.

La actividad física a la que dedica más tiempo actualmente, y desde hace unos tres o cuatro años, es la marcha nórdica, “que –me aclara– no significa salir de copas con nórdicas”. La marcha nórdica se define como el caminar natural con la ayuda de dos bastones específicos que, utilizados con la técnica adecuada, nos permiten impulsarnos. De esta forma se optimiza el esfuerzo físico y el movimiento biomecánico de todo nuestro cuerpo al andar. “Con la aplicación correcta de esta técnica –explica– logramos hacer trabajar el 90% de la musculatura del cuerpo. Es un ejercicio simétrico y sin impacto” que cada vez cuenta con mayor número de practicantes.

Le gusta tanto esta práctica deportiva al aire libre que, al jubilarse, decidió sacarse el título de instructor de la Federación Española de Marcha Nórdica y, casi sin darse un respiro, el de la Federación Internacional. “Practico esta actividad en el seno del club Nordic Walks, de Sant Quirze del Vallès, donde doy clases de iniciación y de perfeccionamiento de la técnica. También me dedico a la divulgación de la marcha nórdica. Me focalizo fundamentalmente en su vertiente más saludable, explicando los beneficios que tiene esta actividad para multitud de patologías como, por ejemplo, las cardiopatías, el cáncer y la diabetes. Imparto cursos específicos y doy conferencias en asociaciones de afectados.

Y todo ello también como voluntario. Puig opina que la simiente de todo lo que ahora hace de forma altruista ya formaba parte de él, de su forma de ser y de pensar, pero que, sin duda, todo lo que le ha ocurrido en la vida le reafirmó en su convencimiento. “Cada uno –dice– tiene su motivación para hacerse voluntario, pero siempre existe una materia prima de base que te predispone a ello y que forma parte de la educación que has recibido, del entorno en el que te has criado y formado, de tu sensibilidad. Me gusta mucho persistir en el concepto: la más pequeña de las acciones es más importante que la más grande de las intenciones. Somos los reyes de las excusas, todos tenemos siempre mucho trabajo y muchas cosas por hacer –y es verdad– y todo nos absorbe, pero yo conozco a voluntarios que acompañan a enfermos o dan conversación a personas que viven solas durante media hora una vez a la semana. Solo hace falta querer hacerlo.”

Texto y fotos: Manel Camps

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